Marilu nació en una aldea en Puebla en una familia Mexicana y tradicional. Desde una edad pequeña, recuerda que su padre hizo cada decisión en la casa, hasta cuando su madre pudiera cortarse el pelo. Conociendo nada pero tradición, se casó con un hombre que ha vivido en los Estados Unidos a diecinueve años.

Emocionada por la vida que su esposo le describió a ella de sus experiencias al otro lado, Marilu solicitó una Visa para experimentar La Tierra de Oportunidad para si misma. Él le prometió a ella que si trabajaran para cinco años en los Estados Unidos, tendrían bastante dinero para construir una casa en México. Entonces en 1998, cruzó la frontera legalmente con su esposo a Santa Monica. Encontró un trabajo en la cafetería de UCLE, donde describió que sentía inspirada por los estudiantes–muchos de las cuales tenían la misma edad que ella–a seguir estudiando. Me mostró orgullosamente sus diplomas en clases de ingles y el GED que recibió durante su tiempo en California.

Después de dos años en California, se embarazó con si primera hija. Su esposo le dijo que fuera el tiempo para volverse a México para educar a la hija. Solamente una mes después de su nacimiento, se regresó a México sin su esposo, quien se quedó para ganar mas dinero. Él pretendía que reuniera con ella en Diciembre. Aunque, Marilu se descubrió rápidamente que el dinero que ganaron no era bastante para construir una casa. Además, se enojaba con el machismo de su país nativo. Decidió que este no era buen lugar para educar a su hija, y empezó planificación para cruzar la frontera otra vez, permanentemente.

Primero, mandó a su hija sobre la frontera para reunirse con su esposo, y después se fue a Tijuana para esperar a una persona que le ayudara a cruzar. Oyó historias de terror de sus amigos, y le proclamó a su Coyote que, cualquiera que sea, “No voy a caminar.” El Coyote le presentó a un hombre grande y aterrador y le dijo que él la ayudara a cruzar la frontera sin peligro. Rechazó cuando aprendió que tuviera que cruzar la frontera por pie. Después de esperar una semana en Tijuana, estuvo conectado con alguien que le ayudaría a cruzar por esconderse en su coche. A las 7 de la mañana se entró a la coche y se escondió; a las 9 estaba sobre la frontera. Ese noche se reunió con su familia en Santa Monica.

Marilu describe su tiempo cuando regresó a los Estados Unidos como frustrante. Trabajaba más que su esposo, pero él controló todo el dinero. Describe regresar a casa, dando su cheque a su esposo, y él le decía cuanto podía gastar esa semana. A ella, casi era que no saliera de México. Encontró consuelo en sus estudios que continuaba a pesar de una falta de apoyo de su esposo. Después de regresar de trabajo, a menudo estudiaba hasta la alba. Solamente cuando su esposo se despertó le dio cuenta del tiempo que había pasado y se acostara por algunas horas.

Marilu había oído de Durham de amigas del colegió, y decidió a mudarse a la familia a Carolina de Norte. La única miembro de su familia sobre la frontera, se dependía totalmente en sus amigas para apoyo. Encontró un trabajo en un restaurante y no mucho tiempo después trajo al mundo su segunda hija. Queriendo mas que todo ser una buena madre para sus hijas, se dio cuenta de que su relación con su esposo no era lo que quiso que sus hijas vieran como un matrimonio. Entonces en 2003 se separó con su esposo. Cuando describió el proceso, rió jovialmente, “Dijo, ‘Voy a tomar la TV,’ y dije ‘Está bien, ¡no la miramos de todas formas!’”

Marilu es entre de unas pocas mujeres de su comunidad que eligieron a dejar a sus esposos porque ellos “no han evolucionados” a la cultura estadounidense. Muchas mujeres cruzan la frontera y hagan lo que saben, expone, que es tener muchos hijos y hacer lo que están dicho. Cree que este es precisamente la razón porque hay estigma en los Estados Unidos sobre los migrantes mexicanos, porque en vez de adaptarse, crean “una nueva cultura” sobre la frontera. Como una mujer que vive por sus hijas, Marilu eligió no hacer esto.

Trabajando duro como una madre soltera, Marilu trabajaba por una compañía de limpiar para un tiempo. Describe siendo pagada el mismo sueldo por hora–ganado solamente durante limpiar y no durante transportar–como las otras limpiadoras a pesar de su habilidad a leer mapas y hablar ingles, diferente de los otros empleados. Entonces, sentía que podía salir de la compañía, y lo hizo. Decidió a volver a trabajar en un restaurante, donde un cliente regular le presentó a una mujer que alquilaba su casa durante un año cuando estaba fuera del país y necesitaba que la casa sea limpiado mientras estaba fuera. Este mujer se refiere a una amiga, que se refiere a otra amiga, y pronto tenía un negocio regular de limpiar.

Marilu decidió rápidamente que le gustaba limpiar autónoma mejor que trabajo de restaurante porque le dio la habilidad de hacer sus propias horas y sentía respetada por sus clientes. Compró un anuncio en su coche que leyó Marilu’s Cleaning Service. Pronto después de instalarlo, fue al supermercado y vio una mujer prestar atención a su coche y entrar en número en su teléfono. Actualmente tiene 15 clientes y pudo dejar a su trabajo de restaurante y limpiar de jornada completa.

En su tiempo libre, a Marilu le gusta pasar tiempo con sus hijas y bailar. Es parte de un grupo de baile folklórico de México que presenta en Durham casi cada semana. Una gran fuente de apoyo para ella ha sido su iglesia, la Iglesia Unida de Cristo (UCC). Originalmente, se unió a una parroquia Baptista, pero encontró que el grupo era demasiado exclusivo, tradicional, y sentencioso. Dice que prefiere la UCC porque da la bienvenida a gente de todos géneros, razas, y sexualidades y les considera igual. Anima a los miembros a hacer lo que puedan para ayudar a la comunidad, lo que ella dice se hace sentir como un “ser humano de calidad.”

Como ella, sus hijas son talentosas en música–tocan el piano y el trombón. Tienen 10 y 16 años y la mayor se planea en entrar en la Universidad, lo que Marilu dice es necesario para ellas. Quiere que ellas tengan la vida que ella no tuvo, y dice que los estudios son la primera parte de esto. Marilu sigue estudiando también, tomando clases en Durham Tech en negocios pequeños y ingles. Dice que algún día le gustaría entrar a la Universidad, pero por ahora tiene que seguir limpiando para pagar las cuentas.

— Simone Seurat