De camino a conocer a Verónica, me imaginaba que ella iba a ser una mujer bien reservada y callada por lo mismo que haya sufrido tanto al venir a los Estados Unidos. En vez de encontrar a esa tal imaginada, conocí a una mujer bien animada que me dijo que hablaba “demasiado rápido para que los demos [la] entendieran”. Me dijo que se emocionaba mucho cuando hablaba así que a las personas le daba trabajo entenderla. Verónica fue muy amable conmigo y muy abierta con su historia y su vida, y me encantaría que siguieran leyendo para conocerla mejor como persona en esta pequeña biografía.

Verónica nació en la ciudad de Córdoba en Vera Cruz. Ella vivió en Vera Cruz por doce años y después se mudo a la cuidad de Méjico, hasta sus dieciocho años. Desde ahí, se mudo para atrás a Vera Cruz. Su familia de crianza fue echa de sus padres, un hermano y dos hermanas. Ahora, ella tiene un hijo único llamado Alex que nació en la cuidad de Méjico al final de los años 1990 y se mudo a los Estados Unidos des pues de ella a la edad de tres años. Verónica tiene varios sobrinos y sobrinas en Méjico y el los Estados Unidos, y sus dos hermanos y su hijo viven en Durham con ella.

Verónica vino a los Estados Unidos en el año 2000 y a vivido en Durham por todos esos catorce años. Originalmente, ella hizo la decisión de mudarse a los Estados Unidos porque su pareja en ese tiempo se mudo a Durham cuando su hijo, Alex, tenia nueve meses. En ese tiempo, Verónica no tenia a nadie de su familia en los Estados Unidos y las únicas personas que ella conocía que vivían aquí era su pareja y los dos hermanos de su pareja. Su pareja no quería que ella se mudara a los Estados Unidos, pero ella amenazo que se iba a mudar a Los Ángeles sin el y entonces el la apoyo en su decisión. Así que, a los 20 años de edad, Verónica dejo a su hijo con sus abuelos en Vera Cruz, y hizo el largo viaje de Méjico a Durham. Ella empezó a planificar su viaje con su suegra, sintiéndose extremadamente ansiosa y asustada porque ella no sabia nada de los Estados Unidos y la cantidad de tierra que tenia que cruzar hasta poder llegar a la dichosa tierra de oportunidades. “En todo ese tiempo,” me dijo, “estuve pensando en la tierra prometida que todo el mundo me decía que era mejor de lo que yo tenia y mejor que lo que yo vivía en Méjico”.

Ella dejo su hogar un día 15 de abril y su viaje duro unos quince días. Verónica describió que ella comenzó su viaje cerca de la frontera con solo dos o tres vestimentas y sin documentos legales para cruzar. Su única comida eran limas, latas de atún y dos jarras de agua como de un galón que ella cargaba mientras caminaba por el desierto. Ella paso 5 días en la frontera y unos otros tres días en Arizona. Habían unas 69 personas todas tratando de cruzar la frontera como ella tan solo caminando; de esas 69 personas, solo 5 eran mujeres. Verónica me dijo que su cuerpo estaba extenuado, casi sin poder dormir y sin querer dormir por la ansiedad y el miedo. En un tramo de tierra particular, ella y las otras 69 personas tuvieron que correr y ella se retorció el tobillo. Las otras mujeres la ayudaron a cargar sus alimentos y ropa por el resto del camino. Ella se sintió desesperada y sin esperanza de completar su trayecto pero me dijo, “Gracias al señor Dios por esas personas” que la ayudaron a llegar a Durham. Con sus pies hinchados y morados, ella pudo llegar a Arizona donde, todas esas personas que logran llegar, entonces van a donde ellos necesitan ir dentro de los Estados Unidos.

Después de solo unos meses de haberse mudado a los Estados Unidos, su pareja y ella se separaron permanentemente. Ella me dijo que la función de la mujer en los Estados Unidos es bien distintita comparado a su función en Méjico, y que ella se estaba adaptando a ese nuevo rol en la vida mientras que su pareja no. Su pareja todavía estaba demasiado dependiente del rol de la mujer en Méjico. Le pregunte a Verónica que me explicara mas las diferencias y ella me explico que los roles de los distintos géneros en los Estados Unidos es mas de compartir la responsabilidad y el trabajo mientras que en Méjico es mas la responsabilidad dividida entre el trabajo domestico y el trabajo que paga. El papel de mujer mejicana esta mas restringido que el papel de la mujer estadounidense. Después de esta experiencia, ella ahora se refiere a su pareja de esos tiempos como “el padre de [su] hijo” que me indico que ya no estaban juntos. Actualmente, Verónica esta en una nueva relación con otro hombre de Méjico que ella conoció en la iglesia y con quien ella esta muy feliz.

Cuando Verónica primero se mudo a Durham, ella empezó trabajando como mesera en diferentes restaurantes. Ella siempre trabajaba los dos horarios, el de la mañana y el de por la noche, y nunca podía pasar tiempo con su hijo, Alex. Así que Verónica decidió que tenia que empezar a hacer algo diferente para poder pasar mas tiempo con el. Ella comenzó a limpiar una casa además de sus dos trabajos y poquito a poco expandió de una casa a dos casa y así en adelante. Justo este año, ella se marcho de su trabajo de mesera y comenzó a trabajar como trabajadora de limpieza completamente independiente. Verónica me dice que le encanta su trabajo y que la mayoría de sus interacciones con sus empleadores son muy amables y relajadas. Su esperanza es que pueda expandir su negocio como trabajadora de casa independientes y que consiga mas empleadores. Ella se sienta mas relajada cunado limpia y dice que no quiere cambiar de trabajo en el futuro.

Desde que se mudo a los Estados Unidos, Verónica no a podido ver a sus padres y su otra familia en Vera Cruz. Ella sigue en contacto con sus padres por la internet y otros modos electrónicos, y ella les envía dinero cuando puede. Ella los extraña inmensamente. Sin embargo, cuando le pregunte si ella a considerado mudarse para atrás a Vera Cruz, me sonrió encogidamente y me dijo que no; a ella le gustaba mucho los Estados Unidos, la cultura de aquí y el estilo de vida de aquí mas que la de Vera Cruz. Ella extraña a sus padres pero no extraña a su estilo de vida en Méjico. Mas que eso, lo que me sorprendió de Verónica fue cuando le pregunte que cambiaria de los Estados Unidos para sentirse mas en casa. Ella me respondió que no cambiaria nada porque ella fue la que vino a este país y por lo tanto ella necesitaba ajustarse y adaptar al ambiente.

En los catorce años que Verónica a vivido en Durham, nunca a cogido clases de ingles porque nunca a tenido suficiente tiempo para poder hacerlo. Ella puede entender la lengua mejor que la puede hablar pero que mas que nada ella tiene miedo de que las personas se burlen de ella si ella trata de hablar en ingles. A ella le gustaría seguir aprendiendo el ingles en el futuro y mejorar su habla y comunicación con la lengua en general.

Desde que vino a los Estados Unidos y se dejo de el padre de su hijo, Verónica encontró a una nueva pareja. Yo me senté con ellos para platicar y saber mas sobre la historia de cómo se conocieron y los comentarios que se hacían el uno al otro me indicaron que tenían una relación bien intima y honesta. Su historia comenzó en la iglesia. Ella me dijo que lo conocía a el mucho antes que el la conoció a ella. El suele leer las lecturas del Señor durante la misa y ella siempre lo admiraba. Después de unos meses de no hacer nada, un amigo mutuo los introdujo el uno al otro y seguramente ellos se conocieron mejor y empezaron a salir. Ahora, ellos se han conocido por varios meses y van juntos a misa los domingos. Cuando le pregunte cual era la opinión de su pareja sobre el rol de la mujer, ella, contenta, me dijo que su opinión era muy similar a la de ella sobre el trabajo en equipo de la pareja. Ella me conto que ellos tienen conversaciones abiertas sobre el rol de sus géneros, la igualdad y sobre ellos mismos. De hecho, el mismo me pregunto mas sobre los detalles de este proyecto y me comento, “Pienso que es magnifico lo que ustedes están haciendo. Siempre veo coses sobre los trabajadores de campo y construcción, todos hombres, pero nada sobre las dificultades de las mujeres que vienen a los Estados Unidos. Me encanta lo que están haciendo.”

Actualmente, Verónica vive en un apartamento de un piso en Durham con su hermano, una de sus hermanas, su sobrinas y su hijo. Cuando no esta trabajando, le gusta ir a la iglesia, salir a bailar salsa y hacer ejercicio. Su máximo orgullo es su hijo Alex que esta ahora en su tercer año de secundaria. Ella bromeando se queja que a el solo le gusta jugar videojuegos, nunca sale de su cuarto y que habla todo en ingles y no usa su español en la casa tanto como ella quisiera. El trabaja en un restaurante local después de la escuela y esta aprendiendo como conducir. Ella espera que su hijo vaya a la universidad y que pueda trabajar en algo que lo haga feliz y que se sienta estable económicamente.

— Ana Maria Maganto Ramirez